No me acuerdo de los años que hace, pero lo que si recuerdo es que hace muchos...
Aquellos años en los que pasabamos nuestras vacaciones en Tamariu, que cogíamos coral jugándonos las vidas entre las zodiacs, que vendiamos los pescaditos a pela y que rompíamos algun que otro vidrio de coche. Eramos niños y muy cabrones.
Recuerdo aquella mañana de agosto como si fuera hoy, soleada y con el olor a pescadito fresco a lo largo de toda la bahía de Tamariu. Todo aquello aún me evoca recuerdos maravillosos.
Aquella mañana te despertaste inquieto, sabías que algo maravilloso nos iba a sorprender. Rápidamente deduje que tenías un plan. Tú eras el mayor y, como siempre, me limitaba a seguirte la corriente, asumía mi papel de esbirro a la perfeccion.
Nos dirigimos sin mediar palabra hacia la playa, concretamente hacia las rocas, las mismas rocas que sirvieron de inspiración a nuestro escritor mas famoso, Josep Pla.
Por supuesto, el objetivo no era el mismo. Tú empezabas a tener buen gusto por las cosas, un buen gusto que, sin saberlo, nos iba a condicionar de alguna forma todo el verano. Todo el verano repito...
Tu idea era clara y concisa como la que ordena un teniente a su alférez en tiempos de guerra.
Mi alférez tengo el proposito de vaciar esta piscina natural esculpida por la fuerza del mar a lo largo del tiempo por agua cristalina y azul, agua mediterranea. Espetaste.
La verdad sea dicha, a mi, me parecio una gilipollez...
Sin embargo por aquella epoca, asumía con esmero todas las decisiones de mi teniente, por miedo al uso de su fuerza sobre mi supongo. Yo no veia ninguna piscina, solo veia un poco de agua estancada y acumulada desde hacia meses a decenas de metros del mar, entre las rocas que tanto nos iban a marcar...
Dicho y hecho, dos horas achicando agua anduvimos. Debo admitir que mi teniente parecia un soldado raso en plena batalla del Ebro. Desde mi pobre conocimiento de microbiología en aquellos momentos, entendí rapidamente que aquél podia ser el caldo de cultivo idóneo para bacaneles protozoocicas. Sin embargo, sólo abri la boca para pedir alimento. Solo pensaba en complacer a mi teniente.
Horas mas tarde, tras una dura jornada de trabajo conseguimos nuestro propósito, conseguimos realizar la mejor piscina que jamas nos podíamos imaginar. Estabamos contentos, orgullosos y yo totalmente convencido de que mi teniente tenía las ideas claras. Un ejemplo a seguir.
Aún sin anochecer, aún con el regusto a victoria y satisfacción jugueteando entre nuestra lengua empezo lo inevitable.
Primero me apareció a mi, al pringao, al tuercebotas del grupo. Un quemazón por toda la piel que rápidamente se transformó en una autentico campo de coles. Granos como coles, pequeños furúnculos, que aparecian con una prisa desmesurada.
Me alivié..., mi teniente no me quiso dejar solo ante lo inesperado, el quiso ser solidario. Y tambien le apareció a el...Aquello no pintaba bien...
La noche acabó donde acaban las noches para los valientes, en el hospital. Alli nos confirmaron lo peor, Erisipela por Estreptococo. Joder, a mi me parecio lo peor, estabamos bien jodidos. Erisipela tenía un nombre horrible, horribleee. De hecho aun oculto a la gente que he sufrido de Erisipela. Eso es como padecer almorranas, se asume y se sufre en silencio. Por cierto, no las sufro.
La verdad es que la Erisipela nos dejo KO todo el veranito. Un mes en casa sin poder jugar, sin poder bañarnos y sin poder disfrutar de la magnífica piscina que tanto esfuerzo nos había costado hacer.
Sin embargo, de todo se aprende en esta vida, y yo lo aprendí, vaya par de gilipollas estábamos hechos....por dejar escapar de aquella forma un verano tan azul...
Abraham.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados